Rabat es la capital del Reino de Marruecos desde 1912. Esta ciudad elegante y tranquila que invita a pasear fue fundada en el siglo X con el nombre de Ribat que significa monasterio fortificado, fue la capital de Yacoub AlMansur en el siglo XII y de Sidi Mohammed Ben Abdallah en el Siglo XVII. A lo largo de su historia, Rabat albergó un puerto fenicio, después uno cartaginés y por último uno romano.

Aprovechando que esta ciudad ofrece la posibilidad de recorrerla caminando, disfrutando de sus callejuelas y de sus espacios abiertos al mar, intentamos plano en mano, ver todo los que nos habíamos propuesto.
Kasbah des Oudaias, junto a la desembocadura del Bouregreg, es una zona de la época almohade casi en su totalidad y da gusto pasear por sus calles y ver como todas sus casas están pintadas de color azul y blanco.

Una de las joyas almohades que alberga la Kasbah es la puerta de los Oudaias, de piedra ocre tallada construida por Yacub elMansour. A pocos minutos y también dentro de la Kasbah encontramos el cementerio mas antiguo de Rabat, El Alou. Cogiendo la calle principal, la calle Jamaa, nos encontraremos con una antigua mezquita de siglo XII y al final con la Plataforma del Semáforo, una explanada desde donde podemos ver el Océano Atlántico, el estuario del Bou Regreg y la vecina Salé.

Bajo la explanada se encuentra la Torre de los Piratas, una fortaleza construida por los portugueses desde cuyo mirador podríamos haber tenido unas fabulosas vistas si hubiera estado cerrado y el Jardín Andaluz creado por los colonos franceses que alberga en su extremo norte el Musée des Oudaia, el museo de arte nacional que aprovecha las instalaciones de un palacio del siglo XVII. Es pequeñito y muy interesante ofrece una muestra de las joyas y los abalorios con las que tanto las clases populares como las dirigentes se han adornado desde tiempos inmemoriales.

En esta ocasión le toca el turno a la Medina. Accedemos a ella desde la Kasbah por la Rue des Consuls, es la calle mas comercial y colorida de la Medina, en esta concurrida calle encontramos multitud de tiendas con recuerdos o souvenirs y en su interior grandes patios donde se instalan sastres y vendedores de alfombras y tejidos.

Por la misma calle dejando a la espalda la medina encontramos la Torre de Hassan, un minarete sin terminar mandado construir por Yacub El Mansour, rodeado de columnas de mármol y un bello jardín, justo al lado los restos de la de una mezquita destruida en 1755 por un terremoto. Al salir de la zona de la Torre Hassan está el Mausoleo de Mohammed V, una obra maestra del arte tradicional marroquí que no solo sirve para rendirle tributo sino que también alberga sus restos mortales. Es espectacular, muy bello por fuera y por dentro donde cada palmo del mausoleo está cargado de detalles de extrema belleza, desde la galería se puede ver la parte inferior de las tumbas de Mohammed V, un impresionante sarcófago de una pieza de mármol y de Hassan II, hay que visitarlo.

Volviendo al interior de las murallas de Rabat por la puerta Bab Zaer vemos unos enormes jardines con amplias avenidas peatonales, árboles, una mezquita y varios edificios administrativos y militares, estamos en el Mechouar. Tras ellos se abre paso una explanada en la que vemos la gran Mezquita Al Faeh, desde donde el rey y su corte dirigen la oración de los viernes. El Palacio Real o Dar el Makhzen que es la actual residencia del rey de Marruecos, no pudimos visitarlo aunque habíamos leído que hay visitas guiadas, de todas formas merece la pena acercarse, por ver desfilar los militares que lo custodian, la gran puerta monumental y pasear por los jardines que lo rodean.
Lo último que visitamos fue el Museo Arqueológico de Rabat donde la mayoría de sus piezas provienen de los yacimientos de Voluvilis, Mogador y Chellah, y están colocadas en vitrinas sin datos que expliquen lo que ves, aconsejable solo para aquellos muy interesados en la historía.